• Ignacio Pascual V.

Gombe, el hito cero

Actualizado: hace 2 días

Hace 60 años una joven secretaria británica de 26 años, con un profundo interés por los animales, comenzó a realizar el sueño de su vida investigando chimpancés en vida silvestre en Tanzania, especie de la cual se sabía muy poco. Más de medio siglo después la investigación continúa y sus aportes han remecido a la ciencia.


Jane Goodall con macho alfa Figan en el Parque Nacional Gombe en Tanzania. © the Jane Goodall Institute_By Derek Bryceson

El 14 de julio de 1960 Jane Goodall desembarcó por primera vez en la costa oeste del lago Tanganyika, en lo que hoy es el Parque Nacional Gombe Stream en Tanzania. Allí descubrió lo que con el tiempo sería una de las situaciones más relevantes del siglo XX: vio chimpancés construyendo y utilizando herramientas, cuestión que revolucionó el campo de la primatología y la antropología, debido a que hasta ese momento se creía que solo los seres humanos podíamos fabricar y utilizar herramientas.


A estos descubrimientos se suma el haber registrado a los chimpancés comiendo carne, antes se pensaba que eran herbívoros. Estos fueron los primeros y principales hallazgos realizados por Jane en su primer año de observación en Gombe. Tal fue su relevancia que se transformaron en los responsables de haber reducido la distancia entre el ser humano y los chimpancés.


Con el pasar de los años Jane trabajó para conseguir financiamiento y construir un lugar para profundizar y sustentar aún más sus observaciones y descubrimientos. Así, en 1967 el campamento en el cual vivió se convirtió en el Centro de Investigación Gombe Stream (CIGS) y continuaron los estudios, a los que progresivamente se sumaron voluntarios y científicos de distintas partes del mundo para profundizar en la comprensión de los chimpancés.


De esta manera, el CIGS ha generado información sobre los chimpancés con respecto al vínculo madre-cría, ecología, cultura, salud, altruismo, emocionalidad e inteligencia. Las observaciones realizadas en este lugar único abarcan su comportamiento y evolución, junto a la de otros primates, ambas con enormes posibilidades de descubrimientos nuevos e importantes.


Jane Goodall observa a la joven Gaia acicalar a su madre Gremlin, que acuna a sus gemelos recién nacidos. © Kristin J. Mosher

A la fecha existen más de 600 publicaciones sobre diferentes aspectos de la vida de los chimpancés gracias a los datos que han surgido en Gombe. A su vez, este trabajo de investigación de 60 años continuos es el estudio de campo sobre chimpancés silvestres más largo realizado en el mundo.


La importancia de esta información reside en que el método implementado por Jane Goodall, busca comprender a los chimpancés a través de la observación de su comportamiento que, de forma exigente, toma en cuenta rasgos individuales y patrones colectivos, enfocándose en los historiales de vida que rastrean a los individuos, sus comunidades y a sus familias a través del tiempo y de las circunstancias.


En la actualidad, se han sumado nuevas tecnologías como el mapeo satelital, el estudio de las hormonas y la genética molecular para estudiar aspectos que van más allá del ámbito de la conducta animal. Por ejemplo, el estudio de las heces y orina aporta nuevos datos sobre la presencia de gérmenes patógenos en las comunidades.


Conservación, impacto y educación


Tras la cuantiosa seguidilla de descubrimientos, observaciones, datos, desmitificaciones y comprensión del hasta entonces oculto mundo de los chimpancés, Jane publicó en 1971 su libro En la senda del hombre, el relato de sus primeros estudios y trabajo de campo en Gombe.


Con posterioridad, Jane se dio cuenta que los chimpancés estaban extinguiéndose y era necesario conservar su hábitat, razón que la impulsó a crear en 1977 el Instituto Jane Goodall (IJG) que tiene por objetivo “continuar con el legado de la primatóloga, centrándose en la Investigación de la vida salvaje, la conservación de las especies y su ambiente, la educación, la sensibilización ciudadana y el desarrollo sustentable”.


“La pobreza es el peor enemigo de la conservación”, ha dicho Jane en innumerables ocasiones apelando a la necesidad de trabajar para que humanos y animales puedan vivir bien y en armonía. En virtud de ello, desde 1994 el IJG ha impulsado el programa TACARE en decenas de aldeas vecinas al Parque Nacional de Gombe en Tanzania, convirtiéndolo en uno de los ejemplos de colaboración con comunidades humanas para la conservación de las especies más significativos del mundo.


Chimpancé Cincuenta, hijo de Fanni en el Parque Nacional Gombe. Un miembro de la familia F. © the Jane Goodall Institute/By Carlos Drews

Con esta colaboración, la protección de los hábitats vitales de los simios se realiza a través de la toma de decisiones local, la que incluye planes del uso de la tierra, manejo de los recursos naturales y empleos sustentables, junto a otras iniciativas como un enfoque de salud multisectorial y acceso a la educación. De esta manera Gombe se ha convertido en un polo de transformación social y prolífico centro de estudios.


En este sentido, en Gombe se desarrollan diversas investigaciones de fauna silvestres. En la actualidad existe un estudio paralelo, muy detallado, sobre babuinos en el que se ha observado su comportamiento, salud y ecología desde hace 53 años. A esta se suman otras investigaciones sobre relaciones e interacciones entre especies como la desarrollada por la Dr. Kate Detwiler que ha demostrado la existencia de híbridos entre especies de monos de cola roja y cola azul.


La amplia gama de Investigaciones desarrolladas en Gombe y la perdurabilidad de estas, ha significado que en el CIGS se han doctorado 50 personas gracias a los estudios que han desarrollado en sus dependencias, en las que trabajan más de 250 investigadores tanzanos y extranjeros.


La tercera conmemoración del Día Mundial del Chimpancé celebra los 60 años de Gombe como el centro de investigación de gran relevancia para la comprensión de los primates y de nosotros, los humanos. Desde su fundación ha pasado más de medio siglo acumulando la pasión y trabajo en equipo de cientos de personas comprometidas con la protección y conservación, pero todo fue gracias a Jane, quien emprendió el viaje, desembarcó e inició esta historia.