• Ignacio Pascual V.

Gato andino: el esquivo mensajero de los Andes

Actualizado: sep 9

Nicolás Lagos es el coordinador en Chile de Alianza Gato Andino (AGA), organización fundada en 1998 con el objetivo de contribuir al conocimiento y conservación del gato andino, integrada por miembros de Argentina, Bolivia, Chile y Perú, los cuatro países donde habita este esquivo felino. Invitado a nuestro Ciclo de Entrevistas, Lagos explicó las características de este mamífero, su profunda vinculación con la cultura andina y las nuevas aproximaciones de la conservación.


De pequeño odiaba a los gatos, prefería los perros. Pero cuando ingresó a la universidad, a principio de este siglo, fue que escuchó hablar del gato andino, al mismo tiempo que tuvo un gato como compañero mientras fue estudiante.


En ese momento, empezó a interesarse por este felino, al mismo tiempo que estudiaba ingeniería en recursos renovables, “nadie lo conocía, me enseñaron acerca de él por ahí en el 2002 y me causó harta curiosidad este gato tan extraño, del que se sabía tan poco, en peligro de extinción y que aparte vivía en el altiplano”, dijo Lagos, agregando que desde que conoció el altiplano, quedó maravillado por su inmensidad y la sensación de soledad que provoca.


El gato andino es un felino que habita en el altiplano, entre los 3.000 y los 5.000 metros sobre el nivel del mar, con una distribución estimada de 1.400 individuos en una superficie de más de un millón de km2 y que recientemente ha tenido algunos registros en zonas cordilleranas, como en la región de Coquimbo.


Tras “reivindicarse”, como dijo él, conoció la Alianza Gato Andino (AGA), se integró como voluntario y de forma paralela trabajó con Agustín Iriarte y Rodrigo Villalobos, a quienes conoció a través de AGA, en una consultora que realizaba proyectos para analizar el conflicto entre la conservación del puma y la ganadería, problemática transversal en varios puntos del país.


De esta manera, Lagos, que también es miembro de la Sociedad Chilena de Socioecología y Etnoecología (Sosoet) ha trabajado en proyectos y programas que apuntan a establecer cuáles son las formas en que podemos coexistir los humanos y el resto de la flora, fauna y funga de nuestros territorios.


Para el caso de los felinos, mencionó que es complejo porque “generan opiniones súper opuestas, causan amor u odio. La gente odia a los pumas, generalmente en el mundo rural, porque estos animales les cazan el ganado”, dijo el ingeniero, agregando que esta visión contrasta con la de la gente en la ciudad que, por lo general, “ama a los gatos y los quiere proteger y conservar”, se genera una dualidad.


Es por esto que el trabajo para transformar esta visión negativa es un desafío en el que se debe implementar, junto con la resolución de un conflicto concreto como es la muerte de ganado, la educación ambiental: trasnmitir el valor ecológico del puma.La conservación también integra a las comunidades y sus visiones culturales, que hasta hace muy poco no eran tomadas en cuenta”, agregó Lagos.


Puente entre dos mundos


En los 12 años que Lagos lleva trabajando en AGA nunca ha visto un gato andino en vida silvestre, salvo aquellos registros obtenidos con cámaras trampa. De hecho, en AGA son aproximadamente 20 integrantes y más aquellos que han formado parte de la organización la cifra se eleva a 30, de las cuales aproximadamente cinco solamente han visto al gato, según una aproximación de Nicolás.


Petroglifo en el lugar de Hierbas Buenas. Región de Antofagasta, Chile. (Trabajo de Campo Natalia Giraldo Jaramillo, 2014-2015).

Este esquivo gato gris que posee una larga cola con anillos de color oscuro y un pelaje gris con manchas rojizas es considerado un gato sagrado en la cultura andina. En la cosmovisión aymara y quechua es considerado un mensajero de los malkus, espíritus protectores que viven en las montañas.


La antigua vinculación del gato andino con la cosmovisión de los Andes- en la entrevista Lagos mostró varias fotografías que daban cuenta de su representación hace cientos de años- y su actual relación con la gente en el altiplano ha sido un campo de estudio en que AGA ha tenido que enfrentar los prejuicios científicos con la cultura local.


Los primeros registros del gato andino fueron pieles y animales embalsamados que poseían pastores y ganaderos en los Andes, entonces las primeras evaluaciones que se hicieron de su estado de conservación propuso la caza con fines rituales como una de las principales amenazas. Sin embargo, el posterior conocimiento de la cosmovisión de los Andes le permitió al equipo de AGA deshacerse del prejuicio occidental.


“El gato andino es sagrado, tú debes pedir permiso a la Pachamama para tener esta piel y matar al gato ya que es el vínculo con los padres espirituales. Nos hemos dado cuenta de que esto más que una amenaza es un aporte a la conservación”, se refirió Lagos a la nueva comprensión de esta actividad, agregando que una vez que algún integrante familia mata un gato, le debe rendir tributo toda la vida para luego traspasar esa piel a la nueva generación y así continuamente, por lo que el impacto de la caza en términos históricos debe ser mínimo.


Gato andino. Foto por Jim Sanderson.

Consultado sobre cómo poder ayudar a la conservación de felinos silvestres y en particular del gato andino, el coordinador de AGA mencionó que lo primero es cuestionar la forma en que nos estamos relacionando con el resto de las especies y cuestionar el consumismo extremo en que hemos caído.


A su vez, invitó a la gente a votar, a cambiar la Constitución para darle a la naturaleza el lugar de respeto que se merece, que deje de ser solamente un recurso, “está en nuestras manos el generar un cambio tremendo que es cambiar nuestra Constitución en la que en ninguna parte a la naturaleza se le da el valor que debiera tener, hay que partir con un cambio de carta fundamental”, finalizó.


Literalmente al final de la entrevista, Lagos alcanzó a plantear al sapito pehuenche como el animal que postularía para el Día de la Fauna Chilena.