• Ignacio Pascual V.

Fernando Turmo: "El abrazo de Wounda simboliza la capacidad de perdón que puede tener la naturaleza"

Español, viajero y apasionado por los chimpancés desde los ocho años. Fernando Turmo se unió al Instituto Jane Goodall en 2006 y antes de instalarse en la selva del Congo solía trabajar como ilustrador en España. Hoy es el Coordinador de imagen y comunicación de Tchimpounga y responsable de la grabación del abrazo de la chimpancé Wounda a Jane, sin duda la imagen más poderosa captada a lo largo de la historia del Instituto.


Al llegar al Congo participó del proyecto Help Congo, en el cual adquirió experiencia trabajando en la reintroducción de chimpancés huérfanos víctimas de la caza furtiva. Fernando quedó impresionado “porque en esa selva hay elefantes, hipopótamos, cocodrilos, gorilas, chimpancés, serpientes pitón, pero te das cuenta de que no todo es tan idílico y que realmente vivir en una selva es arriesgado”, dijo Turmo.


Foto gentileza de Fernando Turmo.

Cuando se sumó a Tchimpounga, el centro de rehabilitación del Instituto Jane Goodall (IJG) en el Congo, la casa en que vivía estaba en la mitad del santuario rodeada de aproximadamente 150 chimpancés que había en ese momento. Su vida era levantarse, comer y dormir escuchando y viendo chimpancés constantemente, cuestión que disfrutaba enormemente.


Por eso, una vez instalado en Tchimpounga analizó cómo él podría ser útil para el proyecto y quedarse la mayor cantidad de tiempo posible. Allí notó la falta de producción de videos y de campañas comunicacionales de este centro. De manera autodidacta se formó en el audiovisual y comenzó a subir videos a YouTube y a enviarlos a la central en Washington del IJG, los que fueron muy bien recibidos.


La amistad primitiva


Los 14 años en Tchimpounga le han permitido a Fernando entender a los chimpancés, comprender su lenguaje corporal y sus vocalizaciones. Él ya sabe quién es quién y cuánto puede compartir con ellos, cuestión fundamental para realizar los videos y no generar situaciones riesgosas para chimpancés y humanos.


Ha visto chimpancés frustrados por peleas con sus parejas, los ha visto reír y llorar. Sabe que al erizar el pelo están nerviosos y si esos nervios siguen se transforman en balanceos, luego gritos, hasta exhibir su incomodidad arrastrando ramas y tirando objetos, lo que significa que hay que retirarse. Sobre todo considerando que un adulto puede llegar a pesar entre 60 y 70 kg, con una fuerza extraordinaria y dientes que cortan como cuchillo.


Pero sus años en el centro de rehabilitación también le han permitido observar una amplia gama de comportamientos y emociones en los chimpancés. La envidia, la depresión, la alegría,la territorialidad, la relación con sus enemigos y con los amigos que no han visto en mucho tiempo.


“Para mí un chimpancé no es un animal, es como un hombre primitivo, ¿sabes? El poderte ganar la amistad de un hombre primitivo es una sensación muy fuerte y yo con alguno de ellos he sentido eso, una química impresionante”, compartió Fernando haciendo referencia a un chimpancé muy querido por él y que falleció en un accidente tiempo atrás.


Foto gentileza de Fernando Turmo.

El susurro de Wounda


“Fue suerte” dice Fernando, sin embargo, él sabía que Wounda, la chimpancé escogida para ser reintroducida por Jane, no era la típica chimpancé que sale de la caja y se esconde, él sabía que tendría tiempo para grabarla. Estaba listo, había vaciado todas sus tarjetas de memoria y monitoreaba constantemente la cámara. Abrieron la caja, salió Wounda, saludó a Rebeca Atencia, la veterinaria encargada de Tchimpounga, y luego se subió a su jaula de transporte.


En ese momento Jane comenzó a susurrar y la tercera vez que le susurró su nombre, esta “la abraza con ese gesto muy cálido, mantenido y con mucha energía. Realmente todos nos quedamos atónitos, fue muy emocionante… pero para mí lo más emocionante no fue eso”, sinceró Fernando.


Lo más emocionante para Turmo de esa jornada mundialmente conocida gracias al video que realizó, fue ver a Jane seguir a la chimpancé, “Jane dijo ‘¡vamos detrás de ella, Fernando! ¡Vamos!’ Yo tenía la sensación de estar siguiendo a la Jane de 25 años en Gombe en vez de la Jane de 80 años”, relató Turmo.


A pesar de ser un video mundialmente conocido, guarda algunos secretos que, según Fernando, se deben a la magia que lo rodea. Por ejemplo, en la versión original del video fue él quien sin conocimiento alguno en música creó una pequeña melodía con un sintetizador. O aquella historia en la que una pareja de donantes decidió aportar una gran suma de dinero tras ver el emotivo video en un evento de recaudación de fondos del Instituto.

Es ineludible ver que el video tiene un profundo mensaje que muestra “que puede haber un perdón entre el ser humano y los animales a los que les hacemos tanto daño. Ese abrazo simboliza la capacidad de perdón que puede tener la naturaleza hacia el ser humano, de todo lo que le hemos hecho hasta ahora y que pueda haber un comienzo de nuevo”, reflexionó Fernando.


Acercar este proyecto a la gente


Con tantos años conviviendo con chimpancés Fernando se aventuró a escribir un libro sobre su experiencia con estos. Con este libro, que espera se publique el próximo año, busca acercar el proyecto del IJG a la gente, “quiero que la gente se dé cuenta que nuestro trabajo implica mucho esfuerzo, implica una acción emocional porque al final los chimpancés son tu familia y hemos tenido aquí situaciones que te parten el alma”, explicó Turmo.


Foto gentileza de Fernando Turmo.

A su vez, durante julio, Fernando estuvo grabando un nuevo episodio de Super Kodo, serie de ficción creada por él para la televisión congoleña que, con más de 20 capítulos, cuenta la historia de un niño con poderes que cuida la selva. Con esta producción se van planteando diferentes temas de conservación como la caza ilegal de chimpancés, animales protegidos y la contaminación de los ríos, entre otros.


Todos estos proyectos, el haber estado en el momento indicado, la curiosidad y el aferrarse con fuerza a su pasión ha significado para Fernando una doble gratificación, ya que por un lado él goza estar con los chimpancés y por el otro disfruta conectar Tchimpounga con el resto del mundo, y ¡vaya que lo ha hecho!