• Ignacio Pascual V.

El indomable espíritu humano de Jane Goodall

A sus 86 años, Jane Goodall cumple con la cuarentena desde su casa en Inglaterra. Da conferencias online, ha leído cuentos para niños y niñas, se mantiene en contacto con distintas iniciativas que buscan su apoyo y lanzan distintas campañas y publicaciones. Es imparable. Ella es el ejemplo mismo de lo que llama “el indomable espíritu humano”.


Nació el 3 de abril de 1934 en Londres, en una familia de clase media. Sus primeros años y juventud los vivió en una casa rodeada de animales en Bournemouth, ciudad del sur de Inglaterra, lugar en el que surgiría el sueño de escribir sobre animales en África.


Tras una infancia vivida durante la Segunda Guerra Mundial, en la cual desarrolló el gusto por libros como Doctor Dolittle y Tarzán de la Selva, sumados a una curiosidad constante por los animales y el incondicional apoyo de su madre, a los 23 años Goodall viajó a Kenia donde trabajó con el antropólogo Louis Leakey que en 1960 la mandó a Gombe, Tanzania con la misión de estudiar a los chimpancés silvestres de la zona, en lo que hoy es el Parque Nacional Gombe Stream.


Jane Goodall con su mentor, el Dr. Louis Leakey, quien la envió a Gombe Stream Reserve para estudiar chimpancés. © the Jane Goodall Institute

Con la compañía de su madre y un cocinero instaló su tienda en la selva y comenzó su proyecto de investigación con una extensión original de seis meses, pero este 2020 cumple 60 años, convirtiéndose en el proyecto de investigación de campo sobre animales silvestres más largo de la historia.


Cambiando paradigmas


Jane Goodall es sin duda una de las creadoras de la primatología moderna y responsable de una verdadera revolución al interior del campo científico, ya que descubrió (gracias a su perseverancia, perspicacia y determinación) que los chimpancés fabricaban herramientas en un momento de la historia en que se pensaba que solo los seres humanos éramos capaces de construirlas y usarlas.


Los resultados de sus exhaustivas investigaciones de campo revolucionaron a la comunidad científica y fascinaron al mundo entero a través de los documentales de National Geographic y publicaciones en revistas de la época.


Junto con esto, su sistemático trabajo permitió conocer el, hasta entonces inexplorado, mundo de los chimpancés revelando su conducta instrumental, estructura social, forrajeo, forma de caza, guerra entre grupos, altruismo, dominancia, canibalismo, crianza y adopción, entre muchos otros aspectos.


Sin embargo, muchos científicos criticaron sus resultados y cuestionaron sus métodos como ponerle nombre a los individuos estudiados o la veracidad de sus investigaciones por el hecho de no tener estudios formales en ciencias. Pero Jane pudo derribar esta barrera y en 1966 recibió un doctorado honorífico en etología de la Universidad de Cambridge. Entró con sus ideas y descubrimientos al campo que la criticó y lo transformó para siempre.

La joven Jane Goodall escribiendo sus notas de campo cada tarde en su tienda de campaña en Gombe © the Jane Goodall Institute_By Hugo van Lawick

Conservación y esperanza


Tras sus descubrimientos y profundización del conocimiento sobre chimpancés en Gombe, Jane se dio cuenta de la constante y voraz pérdida de hábitat de estos increíbles animales. Era urgente dar a conocer sus descubrimientos de forma masiva, informar sobre la importancia de la conservación de los ecosistemas y así fue como en 1977 fundó el Instituto que lleva su nombre.


Con el pasar de los años, Jane comenzó a viajar por el mundo, continuó los trabajos en terreno y cada vez más gente se sumó a las investigaciones que realizaba. Empezó a fundar sedes del Instituto Jane Goodall por todo el mundo, iba transmitiendo su mensaje de esperanza y conservación: ser respetuosos con las otras especies del planeta.


Luego, Jane se dio cuenta que los jóvenes eran un grupo importante para conseguir un cambio en el planeta, razón por la que fundó en 1991 Roots & Shoots (Raíces y Brotes) el programa educativo del Instituto Jane Goodall que con un enfoque propositivo motiva a jóvenes a aprender sobre los problemas de sus comunidades y a su vez les ayuda a diseñar, liderar e implementar proyectos para resolverlos.


Hasta antes de la pandemia, Jane se mantenía viajando 300 de los 365 días del año estableciendo redes, fortaleciendo otras, dando charlas, inspirando y esperanzando a generaciones con su testimonio de vida: cuando se le presentó la oportunidad de estudiar animales en África la tomó con todas sus fuerzas y trabajó duramente por sus convicciones.


En la actualidad, con más de 25 libros publicados, innumerables artículos científicos, más de 20 producciones para cine y televisión y los miles de entrevistas y reportajes en medios de todo el mundo, la que ha sido considerada como una de las mujeres científicas de mayor impacto del siglo XX, nos invita a reflexionar sobre nuestro comportamiento como especie para adoptar una forma de vida sustentable.


En 2002 la ONU nombró a Goodall como mensajera de la Paz, a la que se agregan las más de 100 distinciones internacionales y los nombramientos como Doctora honoris causa en más de 45 universidades de todo el mundo.


Su estilo es sagaz, “si quieres que alguien muy importante cambie algo tiene que parecer que ha sido por elección propia […] en lugar de sentirse intimidado por otra persona”, dijo Goodall en una reciente entrevista. De esta manera con su ejemplo esta mujer fue primero revolucionando el campo de la ciencia, luego el de la conservación y hoy se posiciona como una de las voces más influyentes contra el calentamiento climático. En Jane habita el indomable espíritu humano y lo ha logrado transmitir a través del tiempo, del planeta y las especies.