• Ignacio Pascual V.

El espino, pionero en los ecosistemas

Este reconocible árbol por sus ramas con espinas, flores amarillas que lo visten de dorado en primavera y unas características vainas de color café con decenas de semillas en su interior, por mucho tiempo ha sido considerado como una especie de escaso valor, se le conoce casi exclusivamente por el carbón. Sin embargo, una aproximación más detallada nos enseña el increíble valor del espino en los ecosistemas.


En la zona mediterránea de nuestro país, es decir, la comprendida entre las regiones de Coquimbo y Ñuble, existen diferentes tipos de bosques y matorrales. Los más característicos y principales son los esclerófilos, ubicados en laderas de cerros de las cordilleras de la Costa y Los Andes, compuestos por árboles y arbustos de hoja perenne adaptadas para no perder agua en tiempos de sequía.


Y, por otro lado, el matorral y bosque espinoso que se ubica en la depresión intermedia entre las cordilleras de Los Andes y de la Costa, en terrenos planos y de poca pendiente. Es un hábitat muy seco en verano y en invierno las lluvias permiten el crecimiento de una verde pradera.


Flor de espino. Foto por James Gaither.

El espino forma parte de estos dos ecosistemas, presente en la ladera norte en el caso del bosque esclerófilo y junto con el algarrobo son las especies predominantes en el bosque espinoso, ya que pueden desarrollarse en suelos pobres y erosionados. Este tipo de bosque en el presente posee una extensión de 951 mil hectáreas, sobrevivientes de las 1.6 millones de ha que se estima había en el pasado.


“Ha habido una subvaloración de las formaciones vegetacionales de la zona mediterránea, porque ha habido un imaginario de que la vegetación nativa es la de la Patagonia y todo lo demás no se considera mucho”, dijo Fernanda Miranda, investigadora de fundación Terram.


Bosque espinoso, Provincia de Chacabuco, Chile central. Foto por Patricio Novoa.

En el pasado en la zona central de nuestro país el bosque espinoso y esclerófilo fue deforestado en su mayoría para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, reduciendo significativamente la superficie cubierta por estos bosques, lo que generó erosión del suelo y fragmentación de hábitats. A su vez, la tala de espino para la fabricación de carbón estaba sustentado en la idea de que este es una especie invasora.


Por el contrario, estudios realizados demuestran que esta especie tiene un importante valor ecológico, ya que contribuye a una mayor actividad de microorganismos en el suelo, le da estructura con sus raíces impidiendo la erosión de este y fija nitrógeno, uno de los tres elementos fundamentales para el crecimiento de las plantas.


Mucho más que carbón


El espino (Acacia caven) es una especie de árbol perteneciente a la familia leguminosae la que cuenta con más de 200 géneros y 17 mil especies de árboles, arbustos, plantas y hierbas. En Chile, se le conoce como espino, espinillo, aromo, churque (quechua) o kawen (mapudungún) y es nativo de nuestro país, por lo que sus usos y manejos como recurso están normados por la ley 20.283 sobre recuperación del bosque nativo y fomento forestal.


Tras las primeras lluvias, la sombra del espino permite el crecimiento de vegetación.

En el mundo, el género acacia se ha caracterizado por colonizar sitios afectados por fenómenos como inundaciones, incendios, deslizamientos de tierra, erupciones volcánicas e incluso sitios afectados por la minería.


Algunas de las adaptaciones del espino, cuyo origen se remonta a los bosques secos sudamericanos del Mioceno (de 25 a 5 millones de años atrás), son el poseer una raíz principal o pivotante muy profunda que le permite acceder al agua de napas subterráneas. De esta forma el espino genera un microclima favorable para el desarrollo de otras especies bajo el área de influencia de su copa y sus raíces, por las condiciones de humedad, nutrientes y temperatura que genera.


El espino permite el crecimiento de vegetación bajo la sombra que genera.

Al poseer un follaje que renueva aproximadamente cada dos años, incorpora materia orgánica al suelo, revitalizándolo. Su fruto, que posee semillas ricas en proteínas y almidón, alimenta a diferentes especies de animales e insectos. Incluso con las semillas de esta vaina los diaguitas elaboran el llamado “café de churque” bebida energizante y digestiva.


Por otro lado, en el contexto de desertificación y calentamiento global, los bosques espinosos tienen un valor importante ya que almacenan carbono en el suelo, “hay estudios que plantean que los ecosistemas de Acacia caven tiene la capacidad de incrementar en un 50% el carbono del suelo en comparación con un suelo sin cobertura vegetal”, destacó Miranda.


Es por todas estas características que la presencia de espinos en terrenos erosionados o abandonados por actividades como la ganadería o agricultura, se torna fundamental por su potencial para la restauración de bosques, ya que en los espacios recolonizados por estos pueden permitir la recuperación de bosque esclerófilo, si es que factores como cantidad de humedad, de erosión o presencia de especies propias del bosque esclerófilo son favorables.


Es decir, en un terreno erosionado en el cual crezcan espinos, puede ser el origen de la restauración de un bosque espinoso, con la presencia de algarrobos, natre, palqui, huingán, por nombrar algunos de las otras especies que componen este tipo de bosque. O puede ser un primer estado para el desarrollo de un futuro bosque esclerófilo con sus respectivas propiedades como almacenamiento de agua, protección de suelo y refugio de la biodiversidad.


Sin embargo, en la zona mediterránea, catalogada como un hotspot de la diversidad mundial debido al nivel de endemismo de especies de flora y fauna y la baja protección de estas, “solo un 3% del territorio se encuentra bajo alguna categoría de protección de parte del Estado, en relación a las áreas protegidas del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE)”, afirmó Miranda y de los cuales los bosques espinosos son los menos protegidos.


Los bosques espinosos son parte de los hábitat de la zona central de Chile y debemos protegerlos, ya que son fundamentales para la preservación de la biodiversidad. Se estima que la tala ilegal ha sido la responsable de acabar con más de 10 mil ha de bosques nativos en años recientes, incluyendo los espinosos.

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