• Ignacio Pascual V.

Celulares y chimpancés, la compleja trama que compete al mundo

Actualizado: ago 13

En los últimos 10 años hemos sido testigos de la progresiva reducción del volumen de aparatos electrónicos: teléfonos, tablets y computadores, cada vez más delgados, más pequeños y más rápidos. Esto ha sido posible gracias al desarrollo de componentes cada vez más pequeños fabricados a partir de minerales que se adaptan a los requerimientos de los fabricantes, por ejemplo, el coltán.


Coltán la contracción con la que se denomina la mineral compuesto por columbita (col) y tantalita (tan), este último se obtiene el tantalio que es utilizado en la fabricación de condensadores, que son pequeños componentes presentes prácticamente en la totalidad de los aparatos electrónicos, los que están hechos de un material conductor y uno aislante ya que participan de los procesos de carga y descarga de los aparatos electrónicos.


Piedrecillas de coltán, Foto por Responsible Sourcing Network.

De todos los aislantes, el tantalio es el más efectivo ya que apenas necesita procesamiento una vez extraído- Soporta altas temperaturas y resiste la corrosión- Esto permite la producción de condensadores más pequeños para aparatos de menor volumen como tablets, teléfonos celulares, GPS y computadoras, entre otros. En gran medida la reducción del volumen de los celulares, computadores y tablets ha sido gracias al coltán.


Ahora bien, este mineral se extrae principalmente de la República Democrática del Congo (RDC), país en el que desde hace años se entremezclan los intereses del Estado, los países fronterizos, las guerrillas, multinacionales occidentales y contrabandistas. A tal punto ha llegado esta situación que entre 1998 y 2003 ocurrió la llamada Guerra del Coltán, en la que la ONU estimó que murieron más de cinco millones de congoleños.


La extracción del coltán hasta el día de hoy se realiza de forma artesanal, lo que permite que la minería ilegal se instale fácilmente, incluso en reservas naturales. Con pala y picota al hombro, miles de hombres, mujeres e incluso niños congoleños llegan hasta las minas para trabajar hasta por 12 horas, con un pago de un par de dólares y con la amenaza constante de las arremetidas de los guerrilleros.


Mina de coltán de Rubaya, RDC. Foto por Monusco Photos.

Además del conflicto social, otro de los principales problemas es la destrucción de los ecosistemas, pues los yacimientos de coltán se encuentran en los hábitats de especies en peligro de extinción como gorilas, chimpancés y elefantes, los cuales son desplazados, cazados y consumidos.


En muchas minas se utiliza mano de obra infantil, o semi esclavizada, en condiciones pésimas e inseguras, se contaminan cursos de agua, se deforestan grandes extensiones, y se matan animales salvajes, entre ellos gorilas y chimpancés, para alimentar a los mineros”, dijo Federico Bogdanowicz, director general del Instituto Jane Goodall (IJG) en España, quién conoce de cerca la realidad en RDC y Tanzania.


Responsabilidad mundial


La creciente demanda de coltán la produce el incesante consumo de aparatos electrónicos, como teléfonos celulares, tabletas electrónicas, impresoras, cámaras digitales, discos duros, consolas de videojuegos y computadores entre muchos otros. Estos artefactos al cumplir su vida útil se transforman en residuos electrónicos, de los cuales en 2019 sólo se recicló un 17% en el mundo.


De hecho, la producción mundial de residuos electrónicos alcanzó una cifra récord el año pasado con 53,6 millones de toneladas, el equivalente a 630 veces el peso del acero utilizado en la construcción del Costanera Center.


En este escenario, Chile produjo 186 mil toneladas de este tipo de residuos, el equivalente a casi 10 kilogramos por habitante de residuos que contienen oro, plata, cobre, platino y el mencionado coltán, entre otros. Es decir, desechos que de reciclarse reintroducirían una cantidad considerable de estos minerales reduciendo su extracción de la tierra.


Hombres cargando sacos con material de la mina para extraer el coltán. Foto por Responsible Sourcing Network.

Por otro lado, actualmente en nuestro país hay 25 millones de líneas telefónicas móviles para una población de menos de 20 millones de personas. Es decir, hay más celulares que habitantes.


“Muchas de las empresas que fabrican esta tecnología no hacen la debida diligencia para averiguar verdaderamente de dónde vienen sus suministros, y entre todos los consumidores terminamos financiando, sin quererlo, a esas guerrillas y el impacto desastroso que tienen. No podemos ser cómplices de ello”, advirtió Bogdanowicz con respecto a la trazabilidad del coltán de teléfonos celulares el cual muchas veces no se puede determinar si realmente es libre de conflicto y ni hablar de sustentabilidad.


Es por esto que el IJG de España desde 2009 lanzó la campaña Movilízate por la Selva para concientizar y facilitar la reutilización y reciclaje de celulares móviles. A la fecha han recolectado más de 100 mil teléfonos celulares a través de la campaña realizada íntegramente por voluntarios del Instituto, cuestión que tiene su versión internacional con la campaña online La selva te llama, para generar conciencia sobre esta problemática.


Los chimpancés son una de las especies afectadas por la extracción de coltán. Foto gentileza de Federico Bogdanowicz.

En Chile, uno de cada 20 teléfonos celulares es reciclado, cifra baja que da cuenta del desinterés por esta actividad, sin embargo, año tras años se han sumado nuevas iniciativas, empresas y programas para reciclarlos.


Una de las empresas más antiguas en el rubro del reciclaje de aparatos electrónicos, es Degraf, la que en el pasado tenía puntos de acopio en las estaciones del Metro de Santiago, con los que recolectaban dos mil celulares mensuales en promedio. Junto a esta empresa está Entel, compañía que desde 2014 inició la recolección de celulares en 121 puntos del país.


Por otro lado, iniciativas como Fundación Chilenter, Rephone, Recycla, ChileRecicla, E-trash, Tecnorecicla y Midas Chile también realizan retiro, reparación y desmantelación de los celulares, tan solo hace falta que les lleguen, en vez de tenerlos en nuestros cajones o tirarlos a la basura. Así, aunque parezca distante, comenzaremos a revertir la compleja situación que aqueja tanto a seres humanos como a chimpancés y gorilas, entre tantas otras especies en África.