Por qué todavía existen los simios si los humanos evolucionamos de ellos

Es bastante conocida la afirmación que los humanos evolucionamos de los simios, aunque para ser más precisos, del chimpancé, con quienes no sólo compartimos el 99% de nuestro ADN, sino que además exhibimos comportamientos físicos y psicológicos inquietantemente similares.

Ambos pertenecemos a la orden de los primates; físicamente, somos grandes, bípedos, altamente diestros y sin cola. Neurobiológicamente, ambas especies poseen un cerebro grande que alberga una corteza extremadamente densa, la parte de nuestro cerebro supuestamente responsable de la inteligencia. Además psicológicamente, ambos tenemos una propensión a formar grupos sociales complejos.

Un detractor de la evolución suele repudiarla preguntando: ¿por qué los chimpancés todavía existen si evolucionamos de ellos?

Antes que nada, debemos revisar nuestra creencia inicial acerca de cómo los humanos “evolucionaron” a partir de los chimpancés. No se trata de un proceso lineal; las etapas pueden compararse con las ramas de un gran árbol. Los linajes descienden de una rama común y crecen por sus propios caminos separados.

Esta proposición se fortalece cuando se toma en cuenta los miles de fósiles que documentan el aumento progresivo de las especie humana en la evolución gradual de nuestro linaje, después de que nos ramificamos de los chimpancés. De hecho, los humanos y los chimpancés son simples ramitas, divididas al final de una rama gruesa que representa la evolución de los primates.

Esa gran rama primero se dividió en Prosimii y Anthropoidea. La primera luego se ramificó en tres ramas más, que juntas incluyen todos los lémures y galápagos. La segunda se ramificó en Platyrrhini y Cattarrhini.

Platyrrhini es una familia que alberga lo que los evolucionistas llaman monos del Nuevo Mundo, que en conjunto incluye aulladores, monos araña, tamarinos, monos búho, etc. Por su parte la familia Cattarrhini, de dividió en dos ramas: Cercopitheciodea llamada monos del Viejo Mundo (babuinos, macacos) y la superfamilia Hominoidea, cual se dividió en tres ramas: Hylobatidae (gibones),Pongidae (orangutanes, gorilas, chimpancés) y Hominidae (homo sapiens o humanos).

Pero la ramificación no acaba allí. Los homínidos se ramificaron en varias ramas secundarias, ya todas extintas con la excepción del Homo sapiens o seres humanos modernos. Por consiguiente, los humanos no evolucionaron de los chimpancés, simplemente compartimos un descendiente común que aún es desconocido, el llamado eslabón perdido.

 

Fuente: Tekcrispy